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jueves, 6 de enero de 2011

Batalla de Bailén. El Águila Derrotada.

Los números 21 y 22 de la colección "Guerreros y Batallas" recogen en dos tomos la Batalla de Bailén. Editado por Almena en Madrid en el 2.005 y titulado: " Bailén 1.808. El Águila Derrotada". El autor de texto e ilustraciones es el ya conocido por todos Francisco Vela. Como en casos anteriores bien ilustrado con uniformidad de los dos ejércitos que participaron en la contienda y a sabiendas de lo famoso de la primera batalla en al que los franceses son derrotados en campo abierto, recorre acontecimientos y anteriores y posteriores al encuentro en Bailén a través de los personajes, la propia batalla y las consecuencias para ambos bandos. También cuenta con dos croquis: de la batalla de Bailén y de la acción de Menjíbar, que sitúan bastate bien los dos momentos. 
Es un relato en el que no se enaltece mediante leyenda la batalla ni la acción de los contendientes, con lo que se intenta ajustar a hechos certeros, consiguiendo trasladar una imagen del momento, los personajes y sus circunstancias.
Un libro interesante de tener para todos aquellos interesados tanto en al época como en la reproducción de la batalla en dioramas o incluso trasladarla a wargames.
 

lunes, 13 de diciembre de 2010

Garrochero / Garrochista 1808

Es variada la  información que podemos encontrar sobre los famosos Garrochistas de Bailén o Lanceros de Xerez. Recojo varios textos interesantes sobre el tema.

Los Garrochistas de Bailén - Lanceros de Xerez. 1.808



Esta es la denominación oficial de los famosos piqueros o garrochistas de Bailén; formaron en la 3ª División, la del general D. Manuel de la Peña, en número de 400 jinetes. 
Se trataba de antiguos pastores de ganado andaluces que eran expertos con la garrocha (Lanza) y como jinetes, el general Manuel de la peña tuvo a bien incluir a estos pastores como combatientes contra los invasores Franceses. Muchas son las heroicidades de estos andaluces durante la resistencia.



En la obra "Los Garrochistas en Bailén" de D. Manuel Gómez Imaz, describe así el típico traje de estos bravos andaluces:
"El vestido de los jinetes era muy original, airoso y galán; el sombrero, de los llamados franciscanos, de anchas alas rodeado de cordón o cinta prendida de gruesa moña, la chupa de estesado con hombreras y caireles, chaleco medio abierto de cuello en pie, dejando ver el de la camisa con pañuelo de color anudado, faja, calzonas ajustadas hasta debajo de las rodillas, con ancha franja al lado y botones de muletilla en los que se veía el busto del rey con la leyenda "Viva Fernando VII"; botín abierto y bajo que dejaba ver entre éste y el ajuste del pantalón la medía azul o blanca, y el pañuelo de color rojo en la cabeza, atado en la nuca, cuyos picos caían por debajo del sombrero sobre la espalda, dejando ver la larga coleta envuelta en redecilla de estambre; las armas: cuchillo de monte en la faja, y larga garrocha, en muchas de ellas trocada la puya por hoja de lanza".

“Garrochistas de Bailén”

Aquel regimiento de lanceros voluntarios que el 16 de julio en la toma de Mengíbar y al mando del capitán José Cheriff lucharon de forma valiente y temeraria sufriendo importantes bajas entre ellas su capitán, tres días después en Bailén serían la fuerza de choque frente a la primera línea francesa.

Los historiadores no coinciden en el número de jinetes que componían esta fuerza, las cuales según fuentes, pueden oscilar entre los 250 y 450 efectivos, de ellos casi un centenar provenían de Utrera. Nosotros nos inclinamos por una cifra cercana a la segunda, ya que la 4ª División del general Manuel de la Peña, en la que estaban encuadrados nuestros garrochistas, contaba en total con sólo 540 jinetes, y éstos en su mayoría eran los lanceros a los que nos referimos.

En el archivo municipal de Jerez, según refiere el que fuera su responsable Adolfo Rodríguez del Rivero en un artículo de los años cuarenta del pasado siglo, aparecen los nombres de muchos de los que se ofrecen voluntarios para esta unidad. En el mismo nos dice: “Antonio Martín, presenta a su hijo Juan Martín con su caballo y garrocha de torear. Ignacio Arromando y su hijo Juan acompañado de otros cinco caballeros con caballos y garrochas. Gonzalo Roca y su sobrino Manuel con caballo y garrocha. Domingo Sestelo, tres hombres sostenidos por él con caballos y garrochas. Bartolomé Angulo, a su hijo y cinco hombres más con caballos y garrochas así como todo su caudal. Francisco Orbaneja, dos criados a caballo con garrochas”. Y así una lista de más de un centenar de hombres con sus caballos y garrochas que al parecer fueron muchos más, todos procedentes del término municipal jerezano.
El uniforme de estos garrochistas era original y típico: pañuelo de color rojo en la cabeza atado a la nuca cuyos picos caían sobre la espalda dejando ver una coleta envuelta por redecilla negra, sombrero calañés con moña, chaquetilla corta con hombreras y caireles, chaleco medio abierto por el que asomaba un pañuelo atado al cuello, faja negra o roja, calzones ajustados hasta la rodilla y botín abierto que dejaba ver medias azules o blancas. Sus armas: un cuchillo de monte en la faja y una larga garrocha de las de picar toros a las que muchas se les había cambiado la puya por punta de lanza.
Enrolados en la división que mandaba el general Manuel de la Peña, eran magníficos jinetes que podían maniobrar muy fácilmente entre los olivares, y así de forma temible cargaron a todo galope con una formación en cuña que diezmó a la vanguardia enemiga, rompiéndola y adentrándose hasta el grueso del ejército atravesando los olivares al grito de: ¡¡España Jerez, a por ellos, como a las vacas!!. Tras el tremendo choque, nuestros jinetes se cebaron en perseguir a los franceses, hasta que la superioridad numérica de éstos acabó con el valor de los garrochistas. Ni que decir tiene que la mayoría perecieron, no sobrevivió más de una treintena de ellos. Aquellos audaces lanceros voluntarios de Utrera y Jerez vestidos de paisano asombraron a los oficiales napoleónicos tanto por su bravura e indumentaria como por su armamento: aquellas gruesas y largas garrochas de tres metros de largo nunca antes se habían visto en una batalla. Había nacido una leyenda: “Los Garrochistas de Bailén”.
Después de aquella batalla muchos serían los garrochistas jerezanos que siguieron engrosando la caballería del ejército español, circunstancia ésta que trajo en jaque a los franceses hasta su salida definitiva de suelo patrio. Ello podemos desprender de un bando publicado en febrero de 1810 colgado en las plazas de nuestra ciudad cuando las dichas tropas napoleónicas ocuparon Jerez. Entre otras muchas medidas de represión decía lo siguiente: “Todo individuo que auxilie a los garrochistas será fusilado o ahorcado. El que avise para prenderlos será gratificado con cuatrocientos reales y si el mismo es soldado será ascendido.
En estos tiempos en los que tantos monumentos se han levantado en Jerez, sería de justicia que nuestras autoridades municipales fueran planteándose erigir algo que recordara a las generaciones actuales y venideras la gesta de estos héroes jerezanos que dieron su vida para defender su patria y su gente de la barbarie napoleónica.        
ANTONIO MARISCAL TRUJILLO


Centro de Estudios Históricos Jerezanos

jueves, 9 de diciembre de 2010

Garrochista de Bailén

Deseoso de imágenes que hagan referencia a este período de tiempo al que se dedica el Blog y sin mayor pretensión que la de cubrir esa necesidad, me he atrevido, de nuevo, a realizar "copias" de uno de los maestros: Jose M. Bueno. En el libro de "Andalucía y sus milicias", del mencionado autor, aparece una imagen, que firma en 1.989, de uno de los famosos Garrochistas de Bailén. Participantes en aquella batalla, de todos conocida la importancia para la mala publicidad hacia el invencible ejército de Napoleón, presenta un dibujo en blanco y negro sobre el que me atrevo "copiar" y "colorear".
Ya en próximas entradas os hablaré tanto del libro como de los propios Garochistas o Lanceros de Xerez. Por ahora os dejo otra imagen de las de tan difícil  búsqueda en internet.
Por supuesto acepto todo tipo de críticas.... Todas no, a poder ser constructivas.

viernes, 23 de octubre de 2009

Capitán General Francisco Javier Castaños Aragorri

"Vi por primera vez al general Castaños cuando nos pasó revista. Parecía tener 50 años y, por cierto, me causó sorpresa su rostro, pues yo me lo figuraba con semblante serio y ceñudo, según mi entender debía tenerlo todo general en jefe puesto al frente de tan valientes tropas. Muy al contrario, la cara del general Castaños no causaba espanto a nadie, aunque sí respeto, pues los chascarrillos y las ingeniosas ocurrencias que le eran propias las guardaba para las intimidades de su tienda (...)".

Así describe el personaje principal de Benito Pérez Galdós, Gabriel, en “Episodios Nacionales” al General Castaños. Este famoso General, nació en Madrid el 23 de abril de 1.758, en una familia acomodada que disfrutaba del favor de Carlos III. A la edad de 10 años es nombrado por el propio Rey, capitán de infantería, en recompensa a los servicios prestados por su padre. Para convalidar este nombramiento, estudia en el Seminario de Nobles de Madrid y en la Academia de Matemáticas de Barcelona.

En 1.774 se incorporó al Regimiento de Línea de Saboya como Capitán de Granaderos. Es entre 1.780 y 1.783 tras participar en el sitio de Gibraltar y en la toma de Menorca, cuando es ascendido a teniente coronel. Su ascenso a coronel llega en las defensas de Orán y Ceuta, en 1.791, siendo así como recibe el mando del Regimiento de África.

Es con este regimiento con el que participa en la guerra contra la Convención francesa en los Pirineos occidentales. Su heroica defensa de San Marcial, donde resultó gravemente herido, le valió el ascenso a Brigadier en octubre de 1.793, terminando la guerra con el empleo de Mariscal de Campo, obtenido en febrero de 1.795.

En agosto de 1.800 contribuyó a rechazar con las fuerzas a sus órdenes el desembarco de los ingleses en las cercanías de El Ferrol. En octubre de 1.802 fue ascendido a teniente general.

En 1.808 Castaños estaba destinado desempeñando la comandancia del Campo de San Roque en Gibraltar. Esta comandancia le da la posibilidad perfecta para mantener contactos secretos, ya desde el mes de abril, con el gobernador británico de Gibraltar, sir Hew Dalrymple, a quien solicitaba ayuda militar y económica en el caso de un conflicto abierto contra los franceses.

El 26 de mayo recibió un mensaje de la Junta de Sevilla para unirse al alzamiento, cosa que hizo inmediatamente poniéndose él y a sus 9.000 hombres a la órdenes de esta. La Junta le nombró general en jefe de un improvisado ejército que se encuadró e instruyó en pocas semanas con tropas regulares y voluntarias. Con este ejército, el Ejército de Andalucía, logró derrotar al General Dupont en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1.808, convirtiéndose de este modo en el primer general europeo que lograba vencer a un ejército de Napoleón.

Su participación en la batalla de una población andaluza, desconocida por toda Europa, queda en muchos análisis relegado a la presión que ejerció a las espaldas de Dupont camino de Bailén. Unos cañonazos fueron suficientes para que Dupont se reconociera vencido. Cierto es, que fue Reding quien mantuvo a raya a los franceses durante el día. Tan cierto como que Vedel andaba por Despeñaperros, no se sabe bien haciendo qué. Igual de verdadero que el hecho de que fue esto lo que dio tiempo a que el ejército comandado por Castaños, como en otras muchas batallas, ejerciera la presión de los refuerzos tras una batalla condicionada por el calor y la sed. Pero en muchas batallas anteriores a la de Bailén y posteriores a la misma, son las llegadas de otros las que desnivelan la balanza de fuerzas y otorgan la victoria.

Hay que decir también, que es injusto que la historia regale a Castaños toda la fama de los vencedores, olvidándose de compartirla con Reding o Coupigny, sin embargo, aquella gran victoria, obligó al rey intruso José evacuar Madrid y retroceder con sus tropas hasta la línea de río Ebro. Castaños recibe el empleo de Capitán General.

Muchos malos tragos le quedaban por tomar al Capitán General victorioso. Ese mismo año, en noviembre, es derrotado en Tudela, replegándose hacia Guadalajara en condiciones lamentables. No es hasta la muerte del Marqués de la Romana, en 1.811, cuando toma el mando del V Ejército de Extremadura. Toma la plaza de Olivenza y sitia Badajoz, a cuya ayuda acude el Mariscal Soult. El 16 de mayo de 1.811 Soult debe retirarse hacia Andalucía tras enfrentarse a los aliados en la batalla de la Albuera, pero Badajoz no cae en manos de los aliados y deben abandonar su empeño con la llegada del Mariscal Marmot.

En 1.812, se hace cargo de los ejércitos 6º y 7º, refundiéndolos en el 4º. Termina la guerra participando en los sitios de Astorga y las campañas de Arapiles y Vitoria. Batallas que darían como fruto la expulsión del ejército francés, comandado en la huída por José I. Al término de la guerra es nombrado Consejero de Estado.

No morirá hasta el 24 de septiembre de 1.852, con lo que todavía tendría historia que contar.

Pero, eso ya, es otra historia.

Algo de humor:
En el blog Curistoria de Manuel J.Prieto hace referencia a dos anécdotas que definen el humor de
este hombre tan serio para la historia. La primera ocurre cuando el General Castaños recibió al vencido General Dupont. Este le hizo entrega de su espada añadiendo: "Os entrego esta espada, vencedora en cien batallas". A lo que Castaños respondió: "Pues yo es la primera batalla que gano".
En otra ocasión, el General Castaños por Navidad fue a una recepción con el Rey en palacio. Y a pesar de ser un día de diciembre, con el rigor térmico que esto conlleva, el General se vistió con el uniforme de verano. El Rey Fernando VII al verle así le preguntó cómo llevaba uniforme de verano con el frío que hacía, Castaños respondió: "Acabo de cobrar la paga de verano".

Desde donde